Un puente entre continentes

Situada en la costa norte de África, Melilla es territorio español desde 1497 — mucho antes de que existiera la España tal como la conocemos hoy. Esta condición, aparentemente paradójica, es en realidad la clave de todo lo que hace especial a esta ciudad.

Durante siglos, su posición estratégica la convirtió en un punto de encuentro entre el mundo europeo y el africano, entre el Mediterráneo y el Atlántico, entre el comercio y la cultura. Los barcos que pasaban por aquí no solo transportaban mercancías: traían ideas, lenguas, costumbres y personas que fueron dejando su huella capa a capa.

El resultado es una ciudad que tiene algo de frontera y algo de refugio, algo de Europa y algo de África, algo de historia antigua y algo de modernidad que sorprende. Un lugar en el que conviven realidades que en otros sitios parecerían incompatibles, y que aquí simplemente forman parte del paisaje cotidiano.

La ciudad de las culturas

Pocos lugares en el mundo pueden presumir de lo que Melilla tiene: cinco comunidades — cristiana, musulmana, judía, hindú y gitana — que comparten un mismo espacio urbano desde hace generaciones, con sus propias tradiciones, festividades y lugares de culto, y sin que eso suponga conflicto alguno.

La mezquita y la iglesia. La sinagoga y el templo hindú. Los zocos y los mercados. El Ramadán y la Semana Santa. La Pascua judía y Diwali. Todo en una ciudad de apenas 87.000 habitantes, donde los vecinos se conocen, se saludan y comparten más de lo que los separa.

Esta convivencia no es un slogan turístico. Es una realidad que se percibe en la calle, en los comercios, en las conversaciones, en la forma en que la gente vive su día a día. Visitar Melilla es ver, de cerca y en primera persona, que la diversidad puede ser una fuente de riqueza y no de división.

Gastronomía y tradiciones: donde todo se mezcla

Si hay un lugar donde la diversidad de Melilla se percibe de forma más inmediata es en la mesa. La cocina melillense es el resultado de siglos de convivencia entre culturas: raíces andaluzas, influencias del Magreb, herencia judía, musulmana e hindú mezcladas hasta crear algo que no existe en ningún otro lugar de España.

Del mar llega el protagonista indiscutible: el rape, que aquí se convierte en el Rape a la Rusadir — guiso con verduras, azafrán, ñora y comino que lleva el nombre de la antigua ciudad púnica que ocupó este mismo territorio. Los boquerones fritos, las coquinas al vapor con ajo y vino blanco, o las tartaletas de gambas y rape son también parte del recetario marino de una ciudad que siempre ha mirado al Mediterráneo.

Pero la influencia del Magreb es igual de presente. El cuscús — considerado plato principal en muchas familias — la pastela de hojaldre rellena de carne, almendras y especias dulces y saladas, el msemen (ese pan plano bereber que aquí llaman pañuelo) o la harira, la sopa de legumbres típica del Ramadán, conviven con el pescaíto frito andaluz, las torrijas y los pestiños en una misma ciudad, en un mismo mercado, a veces en una misma mesa.

Y luego están las especias. Azafrán, cúrcuma, comino, jengibre, canela, anís, coriandro — el aroma de los zocos y el de las cocinas domésticas se parecen mucho en Melilla. Las llamadas pinchitadas — barbacoas de ternera, cordero o pollo aderezados con la mezcla de especias marroquí conocida como ras el hanout — son uno de los rituales gastronómicos más arraigados de la ciudad.

Una cocina que no hace ruido, que no está siempre en los escaparates turísticos, pero que cuando la encuentras, te cuenta todo lo que necesitas saber sobre Melilla.

El modernismo: una joya arquitectónica inesperada

Poca gente lo sabe antes de llegar, y casi todos se sorprenden al descubrirlo: Melilla alberga uno de los conjuntos modernistas más importantes de España, comparable en envergadura y calidad al de ciudades como Barcelona o Reus.

A principios del siglo XX, cuando Melilla vivía un importante crecimiento urbano, llegó desde Barcelona un arquitecto llamado Enrique Nieto. Había colaborado en la construcción de la Casa Milà y traía consigo toda la energía del modernismo catalán. Llegó en 1909 y no se marchó nunca.

Lo que Nieto hizo en Melilla fue extraordinario: no solo diseñó edificios, sino que codificó un estilo propio que transformó la ciudad entera. Su obra evolucionó a lo largo de décadas pasando por el modernismo floral más puro — con fachadas de curvas vegetales y forjados de hierro trabajado como el Casino Español o la Casa Melul —, el eclecticismo académico, el art déco zigzagueante del Palacio de la Asamblea o el Mercado del Real, y finalmente un racionalismo más sobrio y contemporáneo en sus últimas obras. Su influencia fue tal que otros arquitectos e ingenieros militares copiaron sus formas hasta hacer difícil distinguir sus obras de las de él.

Hoy, Melilla es el segundo conjunto modernista más importante de España, solo por detrás de Barcelona. Un museo al aire libre donde cada fachada cuenta una historia, donde los balcones ornamentados y los esgrafiados de colores conviven con la herencia árabe y mediterránea de la ciudad. Una ciudad que, una vez más, hace convivir lo que en otros lugares parece imposible de juntar.

En la avenida principal, frente a la Casa Melul — su obra más emblemática — una escultura recuerda al hombre que transformó Melilla para siempre.

Melilla te espera

Descubrir Melilla no requiere mucho tiempo, pero sí mucha atención. Es una ciudad que se revela despacio, que tiene cosas que contar en cada esquina, que sorprende cuando menos lo esperas.

Y qué mejor punto de partida para descubrirla que un hotel que lleva décadas siendo parte de su historia.

Reserva tu estancia en Hotel Melilla Puerto y empieza a escribir tu propia historia en esta ciudad única.

Reserva con nosotros

Carta abierta a quienes ya forman parte de esta familia… y a quienes están por llegar

Hay años que pasan sin hacer ruido. Y hay otros que marcan un antes y un después. Para nosotros, este ha sido un año de evolución, de decisiones valientes y de nuevos pasos que nos han llevado a mirar nuestro hotel —y nuestra ciudad— con otros ojos. Con ojos más amplios, más conscientes, más nuestros. Como si abriéramos el plano de una película para mostrar, por fin, todo lo que siempre estuvo ahí.

Durante años, Hotel Melilla Puerto formó parte de una gran cadena. Una etapa que tuvo su valor, pero que con el tiempo nos fue alejando de algo esencial: la posibilidad de ser, del todo, nosotros mismos.

Recuperar la gestión del hotel fue una decisión que no se tomó a la ligera. Fue una apuesta por Melilla, por las personas que trabajan aquí cada día, y por los huéspedes que han hecho de este lugar algo propio. Porque un hotel con alma no puede gestionarse desde lejos. Tiene que vivirse desde dentro.

El concepto: un lugar donde las historias ocurren

Cuando empezamos a trabajar en la nueva identidad de marca junto al estudio leblume, lo primero que quedó claro fue esto: Hotel Melilla Puerto no necesitaba inventarse. Necesitaba reconocerse.

Porque este hotel lleva desde 2003 siendo escenario de llegadas y despedidas, de decisiones importantes y noches tranquilas, de conversaciones que empiezan en el desayuno y terminan tarde, de personas que vuelven una y otra vez porque aquí se sienten reconocidas. Ese era el punto de partida. Y también el concepto central de la nueva marca:

*Un lugar donde las historias han ocurrido y seguirán ocurriendo.*

La idea tiene algo de cinematográfico —y es deliberado. Abrir el plano. Mostrar todo lo que siempre estuvo ahí pero que quizás no habíamos sabido contar. El hotel como escenario cotidiano de historias extraordinarias.

La identidad visual: elegancia con carácter propio

Traducir ese concepto en imagen no era tarea fácil. Queríamos una identidad que transmitiera confianza sin frialdad, elegancia sin distancia, modernidad sin perder el peso de lo que llevamos construyendo más de veinte años.

El logotipo utiliza Newsagent, una tipografía serif condensada que combina lo tradicional con un toque contemporáneo. Su inspiración no es arbitraria: los trazos verticales, el ritmo de sus astas y la tensión entre lo ornamental y lo funcional evocan los forjados de las ventanas de Melilla — esa arquitectura modernista que decora las fachadas de la ciudad y que, quien la mira con atención, reconoce como algo único en el mundo. La tipografía, como la ciudad, tiene carácter. Y se recuerda.

Melilla como luz, identidad y punto de partida

Una cosa que teníamos clara desde el primer momento: Melilla no podía ser solo el lugar donde estamos. Tenía que ser parte de lo que somos.

La ciudad —con su historia, su diversidad, su luz mediterránea, su condición de cruce de culturas— impregna la nueva identidad de marca en cada capa. Melilla no es un dato en nuestra dirección. Es un valor diferencial real. Una razón de ser.

Elegir Melilla es elegir algo que no existe en ningún otro lugar. Y ese es, precisamente, el espíritu con el que hemos construido esta nueva imagen.

La siguiente historia es la tuya

Hemos trabajado mucho en este último año. En la imagen, en la forma de contar quiénes somos y qué ofrecemos. Pero la mejor parte de lo que viene no la escribiremos nosotros.

La escribirás tú. En cada visita, en cada conversación, en cada noche que pases aquí y que se quede contigo mucho después de hacer el check-out.

Hotel Melilla Puerto sigue siendo el mismo lugar de siempre. Solo que ahora, por fin, se parece un poco más a lo que siempre fue.

Gracias al equipo de leblume por acompañarnos en este proceso con tanta sensibilidad y talento. Por escuchar antes de diseñar, y por entender que detrás de cada decisión había una historia que merecía ser contada.

Bienvenido a la nueva etapa. Bienvenido a casa.

Un escenario que ya es parte del plato

Antes de hablar de la carta, hay que hablar del escenario. Porque en la Terraza BBQ de Hotel Melilla Puerto, el entorno no es un detalle secundario: es un ingrediente más.

La terraza ofrece el puerto como telón de fondo, la luz dorada de los atardeceres melillenses y ese ambiente que combina comodidad y elegancia sin que ninguna de las dos lo fuerce. Una mesa bien puesta, una copa fría en la mano, y el sonido del verano de fondo. Así empiezan las mejores noches.


La brasa como lenguaje

En Hotel Melilla Puerto no hemos inventado la barbacoa. Hemos entendido que la brasa es uno de los rituales más antiguos que existen: el fuego que reúne, que transforma, que da carácter a cada producto que lo toca.

La carta de la Terraza BBQ celebra los tres grandes territorios de la brasa: la tierra, con carnes que van desde el solomillo hasta la parrillada para compartir; el mar, con calamar, pulpo, lubina y gambón frescos; y el huerto, para quienes prefieren que el protagonista sea el producto vegetal de temporada.

Una mesa en el puerto te espera

La Terraza BBQ de Hotel Melilla Puerto está abierta todos los días durante el verano 2026. Una experiencia que combina producto de calidad, el ritual de la brasa y uno de los escenarios más especiales de Melilla.

Porque el verano no solo se vive. También se come.

Reserva tu mesa y empieza el verano de verdad.